Editorial: ::: LAMENTABLE INFORMALIDAD :::

Editorial

Cuando esperábamos que la semana pre navideña discurra lejos de la violencia y los conflictos que se han sucedido unos tras otros, el Gobernador Regional Waldo Ríos Salcedo se encargaría de recordarnos que su presencia en el escenario político es sinónimo de inestabilidad, desequilibrio y perturbación.

Por ello se encargó de encender la pradera laboral de las entidades regionales con decisiones que solo desatan la indignación entre los servidores de las diferentes dependencias del gobierno regional que solo esperaban de él, en estas fechas, un poco más de consideración y solidaridad para terminar tranquilamente el año.

El caso que se registra en el hospital Regional es propio de quienes gobiernan con el chisme y la menudencia política, tan es así que vuelve a demostrar su absoluta incapacidad para sostener a las instituciones con los cambios de timón de manera continua y prematura por motivos que solo él conoce y puede comprender.

Hace menos de cuatro meses, después de una larga protesta de los servidores y médicos del hospital Regional que demandaban la destitución del ex Director Eduardo Cueva Guzmán, decide cambiarlo y designa al Dr. César Acevedo Orellana, un profesional que no solo es destacado en su especialidad y que tiene años de servicio en el mencionado nosocomio, lo cual no solo garantizaba un desempeño a la altura del encargo, sino que contaba con el respaldo de todos los gremios de servidores tanto administrativos como asistenciales.

Y todo indicaba que en este importante nosocomio las cosas marchaban bien, la labor del Director no había sufrido cuestionamiento alguno y, por el contrario, estaba incorporando medidas que redundan en favor de los pacientes, como por ejemplo la reapertura de las salas de operaciones que se mantuvieron cerradas durante la gestión anterior por evidente incapacidad de gestión.

Empero, de la noche a la mañana y sin que se conozca algún cuestionamiento institucional o de índole legal, el gobernador regional decide remover al Director y designa en su remplazo al médico Marco Domínguez Aguilar, un profesional desconocido en el nosocomio, sin mayor trayectoria en el ámbito profesional y de la administración pública, de quien solo se sabía que había laborado en la Red de Salud Pacífico Norte.

En realidad, unos días antes a la formalización de esta designación, los médicos y trabajadores del hospital Regional ya habían sido alertados de esta intención y señalaban que detrás de este nombramiento estaban intereses creados de ciertos galenos que trabajan en una clínica local y quienes tienen vínculos con el nuevo director.

En otras palabras, señalaban que al gobernador regional alguien le estaba colocando “un enganche” para que pueda manejar el hospital Regional bajo los mismos pergaminos políticos que pretenden las autoridades de turno, es decir, aquellos en los que puedan disponer de contratos, de adjudicación de servicios, etc.

Lo cierto es que todo aquello que se especulaba días antes se concretó la semana pasada cuando el propio designado convocó a la prensa para dar a conocer su incorporación al nosocomio, mientras que en el centro asistencial se “preparaba” su recibimiento pues no estaban dispuestos a aceptar la manera como se echaba a un Director que no registraba cuestionamiento alguno y que hasta entonces contaba con el respaldo de todos los gremios.

Por ello es que, ante las advertencias que se dieron a conocer, el escándalo llegó el pasado miércoles cuando el Dr. Marco Domínguez decide dirigirse al hospital para tomar el cargo y lo hace acompañado de un contingente policial para que le otorgue seguridad, lo que demuestra que el nuevo titular era consciente que su presencia generaría problemas en la institución.

Lo que llama la atención es que la Policía Nacional haya acudido al llamado del Director sin que se encuentre presente un fiscal provincial como corresponde, el representante del Ministerio Público es el llamado a exhortar a quienes están al margen de las normas y de ser el caso solicitar la presencia policial, por el contrario, ellos habrían sido los responsables en caso de haberse originado escaramuzas y peleas con los trabajadores que mostraban su oposición al nuevo Director.

Empero, después de todo lo que se ha conocido está claro que el gobernador regional era consciente de todo lo que podía suceder, ya conoce a los trabajadores de su sector y su posición firme y decidida cuando se trata de medidas que los afectan y su proclividad para paralizar en caso existan contingencias insalvables.

Sabía el gobernador a lo que se exponía cambiando de buenas a primeras a un Director sobre el cual no pesan cuestionamientos, no se puede alegar existencia de irregularidades cuando no existen denuncias al respecto y si las hubiera entonces las habría revelado o denunciado, lo cierto es que en el hospital Regional no es la primera vez que merodean los nacionalistas en busca de “enganches” que les permitan colocar personal o recomendar empresas prestadoras de servicios.

Recordemos que hace algunos meses atrás se denunció que los operadores de Waldo Ríos acudían a este nosocomio con esas intenciones y encontraban puertas abiertas con el ex director Eduardo Cueva, lo que no se registró con el removido César Acevedo y esa sería una de las poderosas razones para que a menos de cuatro meses de gestión lo desembarquen sin que exista motivo que lo justifique.

Hoy habrían encontrado la manera de colocar a un hombre en la dirección que les facilite las cosas, algo similar a lo que ha ocurrido en las dos redes de salud, en donde, como es natural se registraron reacciones entre los trabajadores, especialmente en la red sur en donde aún se mantienen los conflictos.

Lamentablemente, los ancashinos estamos viendo que nada ha cambiado en relación a la red de corrupción que existió en Ancash, el sector salud sigue siendo objeto de manoseo político, es considerado un botín y por ello se advierten estos nombramientos inoficiosos, es la muestra palpable de una lamentable informalidad en el manejo de las riendas de la región. Esa es la única y patética realidad que nos lleva al despeñadero.

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